viernes, 28 de diciembre de 2007

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"Le alegró oir la campanilla de la puerta anunciando la llegada de una visita. Era una mujer de mediana edad, aunque guapa en un estilo vigoroso y resuelto. Tenía la boca demasiado grande pero de formas sensuales, los ojos magníficos, las carnes prietas y un torso decididamente pechugón. Vestía ropa oscura y lisa, de calidad indefinida, y sus aires proclamaban a primera vista su confianza en si misma, con una actitud casi avasalladora. No se trataba de una dama, ni de nadie que tuviera que ver con damas".

El grito silencioso, Anne Perry.